Al rescate
Este fin de semana ha sido realmente pasado por agua. El río Raices, a su paso por Salinas se desbordó y ¿a dónde fue a parar parte del agua?… sí, al jardín de atrás, al garaje de las casas junto a la mía,… y por supuesto, a nuestro jardín.
En la foto se puede apreciar cómo comenzaba a sumergirse el peral que tenemos.
La cuestión es que desde hacía unos día andaba rondando una gata con sus retoños (de más o menos unas cinco semanas) por el jardín y ayer tocó sesión de rescate. Después de comer decidí ponerme las botas (que más tarde descubrí que eran insuficientes) e ir a ver por dónde cubría el agua. Estaba dando unas vueltas cuando comencé a oir un llanto felino. Me puse a buscar y encontré sobre un tronco uno de los gatitos. El pobre estaba empapado y tiritando. Sin mucha oposición me dejó cogerlo y me lo metí a casa. Le puse una manta y un radiador cerca para que entrase en calor.
Pero claro, yo sabía que la familia era numerosa, con lo que decidí ir a ver si alguno más estaba por la zona. Tras caminar/nadar un rato, bingo!, debajo de unas ramas estaba su hermanita. Esta no tenía tanto frío y era un poco más peleona. Conseguí cogerla y meterla también en casa (aunque con más esfuerzo, pues esta quiso probar mi pulgar).
Volví a salir a ver si encontraba a su hermano, el gatín rubio que también había visto en días anteriores. Nuevamente busqué y tuve suerte. Otro que quiso salir huyendo al verme, pero si bien por tierra firme son muy ágiles, nadando no se las apañan demasiado bien, así que cuando decidió hacer un largo conseguí atraparlo.
Ya estaban los tres en un transportín, con una manta y junto a un radiador. Les dimos comida y agua y así pasaron la tarde. Durante la noche oímos a su madre maullar desesperada buscando a su prole. Daba algo pena oirla y saber que estaba sufriendo, pero sabíamos que mientras estuviese alta la marea, mejor estarían en casa calentitos.
De los tres gatitos, la primera era la más débil y dócil, con lo que pronto supimos lo que teníamos que hacer. Esta podría morir si la volvíamos a soltar, por lo que decidimos liberar a sus hermanos y comenzar la sociabilización de esta.
La liberación de los dos se convirtió en un feliz reencuentro madre e hijos. Primero los sacamos en el transportín sin liberarlos, pues queríamos asegurarnos de que la madre estuviese por aquí cerca. Desde la ventana la vimos aparecer al cabo de tres cuartos de hora, por lo que bajamos y abrimos la puerta. La familia se rehizo, al menos en parte y creo que todos han salido ganando.
En la foto no se aprecia muy bien, pero el círculo de la izquierda es uno de los gatos y el de la derecha es el otro y su madre
La tercera gatita está en casa. No es demasiado tímida y se deja coger sin problemas. Esta tarde probó el pollo cocido y es evidente que le gusta.
Esta es la historia del fin de semana. Un fin de semana aguado (muy aguado) y felino (muy felino).








